Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre SÃ, me lo he vuelto a pensar. Si de verdad es un buen amigo, me dije, la felicidad que para mà supone este compromiso también lo será para él. Por eso ya no he vacilado en anunciárselo. Pero antes de enviar la carta he querido decÃrtelo.
Georg, dijo el padre abriendo su boca sin dientes, escúchame bien. Has venido a verme para que te aconseje en este asunto. Es algo que te honra, no cabe duda. Pero no es nada, es incluso peor que nada, si no me dices ahora toda la verdad. No quiero remover cosas que no vienen al caso. Pero desde la muerte de nuestra querida madre se han producido algunas no muy agradables. Quizá también les llegue su turno, y quizá antes de lo que pensamos. En el negocio hay muchas cosas que se me escapan, lo cual no significa que me las oculten —no quiero insinuar ahora que me las oculten—, ya no tengo la suficiente fuerza, la memoria empieza a fallarme y tampoco logro ver ya claro en una serie de asuntos. Esto se debe, en primer lugar, a un inevitable proceso natural, y, en segundo lugar, a que la muerte de nuestra madrecita me ha dejado mucho más abatido que a ti. — Pero ya que estamos hablando de este tema, de esta carta en concreto, te ruego, Georg, que no me engañes. Es una nimiedad, no tiene la menor importancia, de modo que no me engañes. ¿Tienes de verdad ese amigo en San Petersburgo?