Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Fuera hace mucho calor, dijo Georg como prolongando su comentario anterior, y se sentó.
El padre retiró la vajilla del desayuno y la puso sobre una cómoda.
En realidad sólo quería decirte, prosiguió Georg, que seguía totalmente aturdido los movimientos del anciano, que al final he anunciado mi compromiso a San Petersburgo. Sacó del bolsillo un extremo de la carta y volvió a guardársela.
¿A San Petersburgo?, preguntó el padre.
Sí, a mi amigo, dijo Georg buscando los ojos de su padre. En la tienda es otra persona, pensó, ¡cuánto espacio ocupa aquí sentado, y cómo cruza los brazos sobre el pecho!
Sí. A tu amigo, dijo el padre con énfasis.
Tú ya sabes, padre, que al principio quería ocultarle mi compromiso. Por consideración, pues no hay ningún otro motivo. Tú mismo sabes que es una persona difícil. A lo mejor llega a enterarse de mi compromiso por otras vías, me decía, aunque esto sea muy poco probable dada la vida solitaria que lleva —yo no puedo impedirlo—, y el caso es que no quiero que la noticia le llegue a través de mí.
¿Y ahora te lo has vuelto a pensar?, preguntó el padre, poniendo el enorme periódico en el alféizar de la ventana y, sobre el periódico, las gafas, que cubrió con la mano.