Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Pero ellos siguieron y llegaron a una puerta sobre la que había un pequeño frontón sostenido por menudas cariátides doradas. Como decoración de barco parecía francamente lujosa. Karl advirtió que nunca había estado en aquella zona, probablemente reservada a los pasajeros de primera y segunda clase durante la travesía, aunque ahora se habían quitado las barreras de separación para proceder a la limpieza general del barco. De hecho, ya se habían cruzado con varios hombres que llevaban escobas al hombro y habían saludado al fogonero. Karl se asombró al ver tanto ajetreo, del que, claro está, casi no se había enterado en su entrepuente. A lo largo de los pasillos se veían también cables de conducción eléctrica y se oía sonar una campanilla todo el tiempo.