Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Pero el fogonero interpretó mal el gesto, barruntó en Karl reproches secretos contra su persona y, con el buen propósito de quitárselos de la cabeza, empezó, para culminar sus proezas, a discutir con él. Y eso justo cuando los señores sentados a la mesa redonda llevaban ya un rato indignados por aquella inútil barahúnda que les impedía realizar sus importantes trabajos, cuando al cajero jefe empezaba a parecerle incomprensible la paciencia del capitán y estaba a punto de estallar, cuando el ordenanza, nuevamente inmerso en la esfera de sus amos, medía al fogonero con miradas feroces, y cuando, por último, el señor del bastoncillo de bambú, a quien hasta el capitán enviaba de cuando en cuando una mirada amable, sacó una pequeña agenda y, ocupado manifiestamente en cosas muy distintas, dejó que sus ojos errasen entre la libreta y Karl, mostrándose ya totalmente insensible al fogonero, e incluso asqueado de él.