Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre ¿Serviría de algo todo aquello? ¿No sería acaso demasiado tarde? Cierto es que el fogonero se interrumpió en cuanto oyó aquella voz conocida, pero sus ojos, bañados en lágrimas por su dignidad varonil ofendida, los horribles recuerdos y la situación de extrema dificultad actual, ni siquiera fueron capaces de reconocer con claridad a Karl. ¿Cómo podría ahora —y Karl, de pie ante el silencioso fogonero, así lo comprendió en silencio—, cómo podría ahora cambiar de pronto su manera de expresarse cuando le parecía haber dicho ya todo cuanto había que decir sin obtener la menor aprobación y, por otro lado, creía que aún no había dicho nada y no podía pretender que aquellos señores lo escuchasen todo una vez más? Y en aquel preciso instante, para colmo, se le presenta Karl, su único defensor, dispuesto a darle buenos consejos, aunque sólo consigue hacerle ver que todo, absolutamente todo, está perdido.
Si hubiese intervenido antes en lugar de mirar por la ventana, se dijo Karl, y bajó la mirada ante el fogonero, golpeando con las manos las costuras del pantalón en señal de que aquello era el fin de cualquier esperanza.