Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre En realidad uno no deberÃa decir nunca eso. Desde el punto de vista de Felice, también tu comportamiento anterior pudo parecerle algo carente de perspectivas.
Era distinto. Yo siempre confesé francamente mi amor por ella, lo hice incluso en la despedida, aparentemente la última, del último verano; nunca me callé con tal crueldad; tenÃa razones para comportarme como lo hacÃa, razones que, si no aprobar, sà cabÃa someter a consideración. La única razón que Felice tiene es la total insuficiencia de su amor. Con todo, es cierto que yo podrÃa esperar. Pero lo que no puedo hacer es quedarme esperando con una doble desesperanza: de un lado, ver cómo ella va alejándose de mà cada vez más, y además verme a mà mismo sumido en la incapacidad cada vez mayor de salvarme de alguna forma. Ése serÃa el mayor riesgo que yo podrÃa correr, a pesar de, o a causa de que es lo que más se corresponde a las poderosÃsimas fuerzas negativas que hay en mÃ. «Nunca puede saberse qué ocurrirá» no es un argumento frente a la intolerabilidad de la situación presente.
¿Y qué vas a hacer?
Irme de Praga. Contrarrestar ese daño humano, el más intenso que he padecido, con el más intenso reactivo de que dispongo.
¿Abandonar el empleo que tienes?