Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Ya he probado todas las autohumillaciones. En el Tiergarten le dije en una ocasión[387]: «Di “sí”; aunque consideres insuficiente para un matrimonio tu sentimiento hacia mí, mi amor por ti es lo bastante grande como para sustituir lo que falta y, en general, lo bastante fuerte como para cargar con todo». Felice parecía inquieta por mis peculiaridades, sobre las que yo mismo le había infundido miedo en el curso de una larga correspondencia. Le dije: «Te quiero lo suficiente como para desprenderme de todo lo que a ti pudiera molestarte. Seré otro hombre». Como constato ahora, en que es preciso que todo se aclare, a menudo yo tenía, incluso en la época en que nuestra relación era más cordial, presentimientos, y también temores fundados en pequeñeces de que Felice no me quería mucho, al menos no con toda la intensidad amorosa de que ella es capaz. Ahora, aunque no sin mi ayuda, desde luego, también Felice ha llegado a tener consciencia de ello. Después de mis dos últimas visitas casi temo que Felice sienta cierta aversión hacia mí, aunque externamente nos comportemos de forma amistosa, nos tuteemos, caminemos del brazo. El último recuerdo que tengo de ella es la mueca completamente hostil que hizo cuando, en el recibidor de su casa, no me contenté con besarle el guante, sino que se lo saqué y besé su mano. Por lo demás, aunque prometió continuar puntualmente nuestra correspondencia, no me ha contestado a dos cartas, únicamente me las ha anunciado mediante telegramas, no ha cumplido la promesa, es más, ni siquiera ha contestado a mi madre. Así que es indudable que el asunto carece de perspectivas.