Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre La vida de funcionario podría ser buena para mí si estuviese casado[386]. Esa vida me ofrecería un buen respaldo en todos los aspectos, frente a la sociedad, frente a mi mujer, frente al escribir, sin exigir demasiados sacrificios y sin degenerar, por otro lado, en la comodidad y la dependencia, pues, en mi condición de hombre casado, no tendría que temer esas cosas. Permaneciendo soltero no podré llevar hasta el final una vida como ésa.
Pero ¿podrías haberte casado?
En aquel entonces no pude casarme, todo en mí se rebeló contra ello, aunque siempre quise mucho a Felice. Lo que me hizo desistir fue principalmente la consideración a mi trabajo de escritor, pues creía amenazado ese trabajo por el matrimonio. Es posible que yo tuviera razón; pero, dentro de mi vida de ahora, la soltería ha aniquilado ese trabajo. Hace un año que no escribo nada, tampoco en lo sucesivo podré escribir nada, no tengo ni retengo en mi cabeza otro pensamiento que ése, y está devorándome de mala manera. En aquel entonces no pude prever nada de esto. Además, con la falta de independencia en que me hallo, fomentada por esta forma de vivir, me acerco a todo con vacilaciones y no acabo nada al primer intento. También en aquello fue así.
¿Por qué abandonas toda esperanza de conseguir a Felice?