Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Hasta aproximadamente las diez de la noche no llegó a su domicilio el funcionario municipal Bruder, que venía de su despacho. Enseguida llamó a la puerta que separaba su cuarto del piso del comerciante de muebles Rumford, con el que estaba de inquilino. Sólo pudo oír una palabra confusa, a pesar de lo cual entró. Rumford estaba sentado a la mesa con un periódico, su obesidad lo atormentaba en aquel caluroso atardecer de julio, había tirado sobre el canapé la chaqueta y el chaleco; su camisa
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Algunos funcionarios municipales se hallaban de pie junto al alféizar de piedra de una ventana del Ayuntamiento y miraban abajo, a la plaza. Allí estaba el último contingente de la retaguardia del ejército, aguardando a que diesen la orden de retirada. Eran mozos jóvenes, altos, rubicundos, que sujetaban con firmeza las riendas de sus caballos, los cuales se movían bruscamente de un lado para otro. Montados en sus cabalgaduras, dos oficiales iban y venían lentamente delante de ellos. Era evidente que esperaban noticias. Con bastante frecuencia despachaban a un jinete, que desaparecía a toda prisa por una empinada bocacalle de la plaza mayor. Hasta el momento no había regresado ninguno.