Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Mi forma de desabrocharme el chaleco para enseñar mi eczema al señor B. Mi forma de hacerle señas para que entrase en la habitación contigua.
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El leproso y su mujer. La forma en que el trasero de ella, tumbada boca abajo en la cama, se alza una y otra vez con todas sus úlceras, a pesar de que está presente un invitado. La forma en que su marido le grita siempre que permanezca tapada.
Una estaca —no se sabe de dónde ha salido— ha alcanzado por detrás, derribado y atravesado al marido. Tirado en el suelo, se queja con la cabeza levantada y los brazos extendidos. Más tarde consigue incluso levantarse por un momento, tambaleándose. No sabe contar otra cosa sino que fue alcanzado y señala con la mano la dirección aproximada de la que, según su parecer, llegó la estaca. Usos cuentos siempre iguales empiezan a cansar a su esposa, sobre todo porque el marido señala con la mano direcciones siempre diferentes.
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4 [de mayo de 1913]. Continuamente la imagen de un ancho cuchillo de carnicero que penetra muy deprisa y con regularidad mecánica en mi costado cortando rodajas delgadísimas, que, dada la rápida forma de trabajar del cuchillo, salen volando casi enrolladas.
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