Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre El gigantesco Menasse en la función teatral en yídish[429]. Algo mágico, que me conmovió con sus movimientos y la música acompasados. Lo he olvidado.
_______
Mi risa tonta cuando hoy le dije a mi madre que en Pentecostés haré un viaje a Berlín[430]. «¿Por qué te ríes?», dijo mi madre (entre algunas otras observaciones, como «Considérelo bien el que va a unirse para toda la eternidad», todas las cuales rechacé, sin embargo, con «No es nada, etc.»). «Por perplejidad», dije, y me alegré de haber dicho por una vez algo verdadero en este asunto.
Ayer, encuentro con Bailly[431]. Su calma, conformidad, desenvoltura y claridad, a pesar de que durante los dos últimos años se ha convertido definitivamente en una vieja, de que esa gordura que ya entonces le resultaba enojosa habrá alcanzado pronto la frontera de la obesidad estéril, de que al caminar parece como si rodase o se deslizase a empujones, o mejor dicho, con la tripa por delante, y de que en la barbilla —a primera vista sólo en la barbilla— le han salido pelos de barba rizados donde antes sólo tenía vello.
_______
3 de mayo [de 1913]. La terrible inseguridad de mi existencia interior.
Curador[432]
_______