Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Casi todas las noches voy a la Estación estatal[479]; hoy, como llovía, he estado allí media hora caminando arriba y abajo por el vestíbulo. El chaval que comía continuamente las golosinas que sacaba de las máquinas. Su gesto de meterse la mano en el bolsillo, del que sacaba una gran cantidad de calderilla; su forma negligente de introducir las monedas en el orificio, su lectura de los letreros mientras come, la caída de algunas golosinas, que recoge del suelo sucio y se mete directamente en la boca. — El hombre que mastica con calma y que junto a la ventana habla confiadamente con una mujer, pariente suya.
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11.XII 1913. He leído en la Sala Toynbee el comienzo de Michael Kohlhaas[480]. Fracaso total y absoluto. He elegido mal, recitado mal, a la postre braceado insensatamente dentro del texto. Oyentes modélicos. En la primera fila, unos jovencitos. Uno de ellos trata de escapar de su inocente aburrimiento tirando cuidadosamente su gorra al suelo y recogiéndola luego cuidadosamente, y así una y otra vez. Como es demasiado bajo para poder hacerlo desde su asiento, tiene que dejarse caer un poco de la silla. He leído de forma salvaje y pésima y descuidada e incomprensible. Y por la tarde temblaba de ganas de leer, apenas podía mantener la boca cerrada.
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