Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Hace un momento he estado mirándome detenidamente al espejo —claro que con luz artificial y el foco a mis espaldas, de forma que en realidad sólo el vello de los bordes de mis orejas quedaba iluminado— y, después de una inspección bastante detenida, me he encontrado mejor de lo que suponÃa. Un rostro claro, bien delimitado, de contorno casi hermoso. El negro del pelo, de las cejas y de las cuencas de los ojos destaca vivamente de la masa restante, que está como a la espera. Mi mirada no es desolada, no hay ningún rastro de eso en ella, pero tampoco es infantil, es más bien una mirada increÃblemente enérgica, si bien quizá era simplemente observadora, ya que yo estaba observándome en ese momento y querÃa infundirme miedo.
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12.XII 1913. Ayer tardé mucho en dormirme. Felice. Para conseguir dormirme un poco, acabé concibiendo el plan de pedir a Weiss que vaya con una carta a la oficina de ella y de escribir únicamente en esa carta que necesito tener noticias de ella o sobre ella, y que he enviado a Weiss para eso, para que me escriba sobre ella. Entretanto Weiss está sentado junto al escritorio de ella, aguarda hasta que ella ha leÃdo de cabo a rabo la carta, hace una reverencia, pues no tiene ningún otro encargo y es improbable que reciba una respuesta, y se va.
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