Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Una noche de invierno un hombre mayor caminaba por las calles en medio de la niebla. Hacía un frío glacial. Las calles estaban desiertas. Nadie pasaba cerca de él, sólo de vez en cuando distinguía a lo lejos, medio ocultos por la niebla, a un policía de gran estatura o a una mujer envuelta en pieles o en mantos. Nada lo preocupaba, lo único en que pensaba era en visitar a un amigo suyo en cuya casa no había estado desde hacía ya bastante tiempo y que, precisamente ahora, había mandado una criada a buscarlo.
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Hacía ya mucho que había pasado la medianoche[489] cuando llamaron suavemente a la puerta del cuarto del comerciante Messner. No hizo falta despertarlo, pues nunca se dormía antes del amanecer, hasta ese momento solía permanecer tumbado boca abajo en la cama, despierto, la cara apretada contra la almohada, los brazos extendidos y las manos cruzadas sobre la cabeza. Había oído enseguida la llamada. «¿Quién es?», preguntó. La respuesta fue un murmullo incomprensible, más suave que las llamadas a la puerta. Está abierto, dijo, y encendió la luz eléctrica. Entró una mujer bajita, frágil, envuelta en un gran mantón de color gris.
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2.I 1914. Mucho tiempo bien empleado con el Dr. Weiss.
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