Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre 9.X 1911. Suponiendo que llegue a los cuarenta años, probablemente me casaré con una solterona de incisivos prominentes y labio superior encogido dejando ver la dentadura. La señorita Kaufmann, que ha estado en París y Londres, tiene los incisivos superiores desviados uno contra otro como piernas cruzadas fugazmente a la altura de las rodillas. Pero no creo que llegue a los cuarenta años[46], como demuestra por ejemplo la tensión que bastante a menudo se me instala en la mitad superior del cráneo, que se siente al tacto como una especie de lepra interna y que, si me dejo de aprensiones y me limito a contemplar, me causa la misma impresión que la visión de los cortes transversales del cráneo que aparecen en los libros escolares, o como una disección casi indolora practicada en vivo, en la que el bisturí, prudente, enfriando un poco, deteniéndose y retrocediendo a menudo, a veces permaneciendo inmóvil, va separando membranas delgadas como hojas, muy cerca de otras partes del cerebro que siguen trabajando.
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