Diarios & Carta al padre

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20 [de octubre de 1911]. El 18, en casa de Max, escrito sobre París. He escrito mal, sin llegar verdaderamente a la libertad de la descripción auténtica, que libera de la vivencia. También estaba desganado tras la gran exaltación del día anterior, que había acabado con la lectura de Löwy. Durante el día no estuve de un humor extraordinario, fui con Max a recoger a su madre que llegaba de Gablonz, estuve con ellos en el café y luego en casa de Max, que me tocó una danza gitana de La doncella de Pertb[61]. Una danza en la que, durante páginas enteras de la partitura, uno se limita a mecer las caderas con un tictac monótono y a dibujar una expresión lenta y cordial en la cara. Hasta que hacia el final la danza acaba arrancando breve y tardíamente la fiereza interior que le sacude a uno el cuerpo, lo avasalla, aplasta la melodía haciéndola saltar a los agudos y a los graves (se distinguen notas sordas especialmente amargas) y luego tiene una inadvertida conclusión. Al comienzo, y ya imposible de perder durante toda la partitura, una gran proximidad a lo gitano, quizá porque un pueblo tan fiero en el baile sólo se muestra sosegado al amigo. Impresión de gran verdad de la primera danza. Luego he hojeado los Dichos de Napoleón[62]. ¡Con qué facilidad se transforma uno por momentos en una partícula de la enorme idea que Napoleón tenía de sí mismo! Luego, ya hirviendo, de regreso a casa, incapaz de hacer frente a ninguna de mis ideas, desordenado, embarazado, desgreñado, hinchado, en medio de mis muebles que rodaban a mi alrededor, desbordado por mis sufrimientos y preocupaciones, ocupando el mayor espacio posible, pues, a pesar de mi volumen, estaba muy nervioso, entré en la sala de conferencias. De haber sido un espectador, me habría bastado por ejemplo ver cómo estaba sentado, y muy verdaderamente sentado, para reconocer de inmediato mi estado. Löwy leyó cosas humorísticas de Scholem Aleichem, luego una historia de Perez, una poesía de Bialik (el único caso en que el poeta, para popularizar su poema, que explota en favor del porvenir judío el pogromo de Kischinev, ha descendido del hebreo a la jerga y ha traducido él mismo a la jerga su poema escrito originariamente en hebreo), Die Lichtverkáuferin [La vendedora de candelas] de Rosenfeld[63]. Una manera brusca, repetida, natural para un actor, de abrir los ojos, que se quedan un instante así, enmarcados por las cejas alzadas. Completa verdad de la lectura en su totalidad: la débil elevación, inducida desde el hombro, del brazo derecho; el desplazamiento de las gafas, que parecen prestadas, de lo mal que se adaptan a su nariz; la posición de la pierna debajo de la mesa, tan extendida que los que más trabajan son los débiles huesos que unen el muslo con la pantorrilla; la curvatura de la espalda, que tiene un aspecto débil y mísero, porque el espectador, puesto frente a una espalda homogénea y uniforme, no se deja engañar en su juicio, al contrario de lo que puede suceder, al mirar una cara, con los ojos, los huecos y los salientes de las mejillas, pero también con cualquier pequeñez, aunque sólo sea una barba de pocos días. Después de la lectura, ya de camino a casa, sentí reunidas todas mis facultades y por ello me quejé a mis hermanas, y en casa incluso a mi madre.


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