Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Mi desarrollo ha sido sencillo. Cuando todavÃa estaba contento, querÃa estar descontento, y con todos los medios de la época y de la tradición que me eran accesibles me empujaba a mà mismo al descontento, y entonces querÃa volverme atrás. Por lo tanto, siempre estaba descontento, también con mi descontento. Es notable el hecho de que, con una sistemática suficiente, la comedia pueda convertirse en realidad. Mi decadencia espiritual comenzó con un juego pueril, aunque puerilmente consciente. ContraÃa artificialmente, por ejemplo, mis músculos faciales, caminaba por el Graben con los brazos cruzados detrás de la cabeza[733]. Un juego puerilmente repelente, pero que salió bien. (Algo parecido ocurrió con el desarrollo de mi escritura, sólo que, por desgracia, ese desarrollo se atascó más tarde.) Si es posible forzar de ese modo a la desdicha a que venga, entonces deberÃa ser posible forzar a todo a que venga. A pesar de que mi desarrollo parece refutarme y a pesar de que pensar asà contradice mi naturaleza, no puedo de ningún modo admitir que los inicios de mi desdicha fueran Ãntimamente necesarios, quizá respondieran a una necesidad, pero no una necesidad Ãntima, llegaron volando como moscas y habrÃan sido tan fáciles de ahuyentar como éstas.
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