Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Si de repente viniese aquà Milena, por ejemplo, serÃa horrible. Es verdad que, por comparación, mi posición serÃa externamente brillante. Yo serÃa respetado como un hombre entre hombres, recibirÃa algo más que palabras de pura fórmula, estarÃa sentado (por supuesto que menos erguido que ahora, que estoy solo, aunque también ahora me siento bastante encorvado) a la mesa de los actores, incluso tendrÃa externamente la misma categorÃa social que el Dr. Hermann[740] — pero me habrÃa precipitado en un mundo en el que no puedo vivir. Lo único que queda por resolver es el enigma de por qué fui dichoso catorce dÃas en Marienbad y por qué[741], por consiguiente, después, desde luego, de una dolorosa abolición de fronteras, quizá también aquà podrÃa ser dichoso con Milena. Aunque, sin duda, con mucha más dificultad que en Marienbad, mis ideas son ahora más sólidas, mis experiencias, mayores. Lo que antes era un lazo que separaba es ahora un muro o una montaña, o mejor dicho: un sepulcro.
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