Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre 
TendrÃa que pasarme toda la noche escribiendo, tantas son las cosas que se me echan encima, pero sólo son cosas impuras. Qué poder han adquirido sobre mà esas cosas, mientras que antes, que yo recuerde, era capaz de esquivarlas con un giro, un pequeño giro que en sà y por sà me hacÃa además dichoso.
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Un judÃo de Reichenberg en mi compartimiento empieza haciéndose notar por sus breves exclamaciones sobre trenes rápidos que sólo lo son a la hora de pagar el precio del billete. Entretanto un viajero delgado come una especie de buñuelo de viento, con bocados rápidos jamón, pan y dos salchichas cuya piel raspa con un cuchillo dejándola transparente, hasta que por fin tira todos los restos y papeles debajo del banco, detrás de la tuberÃa de la calefacción. Mientras comÃa ha leÃdo de cabo a rabo, vuelto hacia mÃ, con esa fogosidad y esa prisa innecesarias que me resultan tan simpáticas, pero que imito en vano, dos periódicos de la tarde. Orejas separadas. Nariz sólo relativamente ancha. Se pasa las manos grasientas por el pelo y por la cara sin ensuciarse, cosa que yo tampoco puedo permitirme. Su miembro viril, aparentemente voluminoso, forma un gran bulto en sus pantalones.
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