Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Las exclamaciones de una mujer con un pequeño carrito de libros en el Boulevard Poissonnière, al atardecer: Hojeen, hojeen, caballeros, busquen, todo lo que ven está en venta. Sin presionar para que le compren, sin siquiera mirar con insistencia, menciona, sin dejar de gritar, el precio del libro que uno de los presentes acaba de coger. Sólo parece pedir que la clientela hojee más deprisa, que coja y deje los libros más deprisa, lo cual resulta comprensible cuando se ve cómo de vez en cuando alguien, por ejemplo yo, coge un libro sin prisa, lo hojea más bien sin prisa, lo vuelve a dejar sin prisa y por fin se va sin prisa. La seriedad con que menciona el precio de los libros, de una indecencia tan ridÃcula que al principio cuesta imaginar que alguien llegue a efectuar una compra ante los ojos de todo el público.
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Cuánta más resolución requiere comprar un libro delante de la tienda que hacerlo dentro, porque el acto de escoger no es en el fondo más que una reflexión libre ante la presencia casual de los libros expuestos.
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Sentados en las dos pequeñas butacas encaradas una frente a otra en los Campos ElÃseos. Unos niños que ya deberÃan estar en la cama siguen jugando en la semioscuridad, en la que ya no distinguen bien las rayas que ellos mismos trazan en la arena.
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