El Castillo
El Castillo —Señor agrimensor, aún me queda algo por decirle antes de que se ponga en camino, pues diga lo que quiera y me insulte como me insulte, a mÃ, a una mujer ya anciana, sigue siendo el futuro esposo de Frieda. Sólo por eso le digo que ignora por completo la situación que se le presenta aquÃ; a una le zumba la cabeza cuando le oye y cuando compara lo que dice y piensa con la realidad. No se puede arreglar esa ignorancia de una vez y quizá no se pueda nunca, pero hay muchas cosas que pueden mejorar si me cree aunque sólo sea un poco y mantiene presente el hecho de esa ignorancia. Entonces, por ejemplo, se volverá en seguida más justo conmigo y comenzará a sospechar la magnitud del susto que he sufrido —cuyos efectos aún padezco— cuando me he dado cuenta de que mi querida pequeña ha abandonado, en cierta manera, al águila, para unirse a la culebra ciega, aunque la relación real sea mucho peor y tenga que intentar olvidarla continuamente, sino no podrÃa hablar con usted una palabra con tranquilidad. Pero ahora se ha enfadado otra vez. No, no se vaya todavÃa, escuche aún esto, por favor: adonde quiera que vaya sepa que sigue siendo el más ignorante y tenga cuidado, aquà en nuestra casa, donde la presencia de Frieda le protege de daños, puede decir lo que quiera, aquà nos puede mostrar, por ejemplo, cómo pretende hablar con Klamm, pero, por favor, por favor se lo pido, no se atreva a decir esas cosas en la realidad.