El Castillo
El Castillo —Hay algo de verdad en su forma de ver las cosas —dijo el alcalde—, tiene razón en que no se pueden tomar literalmente las declaraciones del castillo. Pero siempre es necesaria la precaución, y no sólo aquÃ, será más necesaria cuanto más importante sea la declaración de que se trata. En lo que se refiere a lo que ha dicho de haber sido atraÃdo, me resulta incomprensible. Si hubiera seguido mejor mis informaciones, deberÃa saber que la cuestión de su contratación aquà es demasiado difÃcil como para poder responderla a lo largo de una pequeña conversación.
—Asà que como resultado —dijo K— sólo queda que todo es muy confuso e insoluble, salvo mi expulsión.
—¿Quién osarÃa expulsarle, señor agrimensor? —dijo el alcalde—. La misma opacidad de las cuestiones que le incumben le garantizan el tratamiento más cortés, sólo que, según parece, usted es muy sensible. Nadie le retiene aquÃ, pero eso aún no es una expulsión.