El Castillo
El Castillo —Bueno —dijo el maestro encogiéndose de hombros como si quisiera desprenderse de cualquier responsabilidad—. El señor alcalde teme que usted, si la decisión sobre su asunto se prolonga durante mucho tiempo, emprenda algo irreflexivo por su propia cuenta. Yo, por mi parte, no sé por qué teme eso, mi opinión es que usted puede hacer lo que quiera. No somos sus ángeles protectores y tampoco tenemos ninguna obligación de seguirle en todos los caminos que elija. Pero en fin, el señor alcalde es de otra opinión. Cierto es que no puede acelerar la decisión sobre la competencia de la administración; sin embargo, desea tomar una decisión, provisional aunque generosa, en su radio de acción que dependerá de usted aceptarla o no: le ofrece provisionalmente el puesto de bedel de la escuela.
K, al principio, apenas prestó atención a lo que se le ofrecÃa, pero el hecho de que se le ofreciera algo no le parecÃa insignificante. Indicaba que, según la opinión del alcalde, era capaz de poner en práctica medidas para su defensa, y para defenderse de ellas quedaban justificados algunos sacrificios de la comunidad. Y qué importancia se le daba al asunto. El maestro, que ya habÃa esperado allà un buen rato y que antes habÃa redactado el acta, debÃa de haber sido enviado a toda prisa por el alcalde.