El Castillo
El Castillo —Aquà se escribe mucho —dijo K, y miró desde la lejanÃa hacia el acta.
—SÃ, una mala costumbre —dijo el señor, y volvió a reÃrse—, pero quizá aún no sepa quién soy yo. Soy Momus7, el secretario municipal de Klamm.
Después de estas palabras la seriedad volvió a la habitación; aunque la posadera y Pepi, naturalmente, conocÃan bien al señor, quedaron afectadas por la mención del nombre y de su cargo. E incluso el señor mismo, como si hubiese dicho demasiado para su capacidad receptiva, y como si quisiera al menos huir de toda solemnidad adicional implÃcita en sus palabras, se concentró en sus expedientes y comenzó a escribir de tal modo que en la habitación sólo se oÃa la pluma.
—¿Qué es eso de secretario municipal? —preguntó K después de un rato.
En vez de Momus, que ahora, después de haberse presentado, ya no consideraba adecuado proporcionar ese tipo de explicaciones, fue la posadera quien contestó:
—El señor Momus es el secretario de Klamm como cualquier otro de los secretarios de Klamm, pero su residencia oficial y, si no me equivoco, sus competencias…
Momus sacudió vivamente la cabeza mientras escribÃa y la posadera mejoró sus palabras.