El Castillo
El Castillo —¿Por qué me mira? —preguntó la posadera—. ¿Acaso he dicho algo diferente? Asà ocurre siempre, señor secretario, asà ocurre siempre. Falsea las informaciones que se le dan y luego afirma que ha recibido informaciones falsas. Le vengo diciendo desde el principio, hoy y siempre, que no tiene ninguna posibilidad de ser recibido por Klamm, si no hay ninguna posibilidad, tampoco la recibirá por esta acta. ¿Puede haber algo más claro? Además, le digo que esta acta es la única conexión oficial que puede tener con Klamm, también eso es lo suficientemente claro y no da lugar a dudas. Como no me cree, sigue con la esperanza —no sé por qué ni para qué— de poder llegar hasta Klamm, entonces sólo se le puede ayudar, si se logra insertar en su proceso mental que la única conexión oficial que tiene con Klamm es esta acta. Eso es lo que me he limitado a decir, y quien afirme otra cosa diferente tergiversa maliciosamente mis palabras.
—Si es como dice, señora posadera, entonces le pido disculpas, entonces la he interpretado mal; yo creÃa, erróneamente, como ha resultado ahora, que de sus palabras se podÃa deducir una Ãnfima esperanza para mÃ.