El Castillo

El Castillo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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Al fin se disipó algo el humo y K pudo orientarse lentamente. Parecía un día de limpieza general. Cerca de la puerta se estaba lavando ropa. El humo, sin embargo, procedía de la esquina izquierda, donde, en una cubeta de madera tan grande como K no la había visto en su vida —tenía las dimensiones de dos camas— se bañaban dos hombres en agua caliente. Pero aún más sorprendente, sin que se pudiera precisar en qué consistía la sorpresa, era la esquina derecha. De un gran tragaluz, el único en la pared del fondo, procedía, del patio, una pálida luz blanca de nieve que daba al vestido de una mujer, que casi yacía con aspecto cansado en un sillón en lo más profundo de la esquina, una apariencia sedosa. Tenía un bebé al pecho. A su alrededor jugaban un par de niños, hijos de campesinos, como se podía comprobar, pero ella no parecía ser de su misma clase, si bien la enfermedad y el cansancio también otorgan delicadeza a los campesinos.








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