El Castillo
El Castillo En ese momento comprobó que Olga no estaba, que los dos ancianos estaban otra vez sentados a una mesa lejana en la penumbra, todavía no se habían percatado de lo que había ocurrido en la puerta y lentamente giraban sus rostros hacia él, y, finalmente, vio a Amalia debajo de un cobertor echada en un banco al lado de la calefacción, asustada por la aparición de K y manteniendo la mano en la frente para tranquilizarse. Si hubiera estado Olga, habría contestado en seguida y K podría haberse ido, pero ahora al menos tuvo que dar los pasos necesarios para acercarse a Amalia, extenderle la mano, que ella estrechó en silencio, y pedirle que impidiese a los intimidados padres que se molestasen en venir por él, lo que ella hizo con unas palabras. K se enteró de que Olga cortaba leña en el patio, que Amalia, agotada —no mencionó ningún motivo—, se había tenido que echar hacía poco y que Barnabás aún no había llegado, pero que tenía que llegar pronto, pues nunca pernoctaba en el castillo. K le agradeció la información, ya se podía ir, pero Amalia le preguntó si no quería esperar a Olga, pero él ya no tenía tiempo, luego preguntó Amalia, si ya había hablado ese día con Olga, él lo negó asombrado y le preguntó si Olga tenía algo especial que comunicarle. Amalia hizo un gesto de enojo con la boca y asintió en silencio, se trataba claramente de una despedida y se echó de nuevo. Desde esa posición le observó fijamente como si se sorprendiera de que aún estuviera allí. Su mirada era fría, inmóvil como siempre, no estaba dirigida hacia lo que observaba, sino que iba algo más lejos —causando cierto malestar—, lo que la originaba no parecía una debilidad, ni confusión, ni falta de sinceridad, sino un continuo anhelo de soledad, que superaba a cualquier otro, y que quizá en ella misma sólo se hacía consciente de esa manera. K creyó recordar que esa mirada ya le había ocupado la primera noche, sí, que probablemente la impresión negativa que esa familia le había dado obedecía a esa mirada que no era fea en sí misma, sino orgullosa y sincera en su carácter reservado.