El Castillo
El Castillo —Estás siempre tan triste, Amalia —dijo K—. ¿Te atormenta algo? ¿Acaso no puedes decirlo? Nunca he visto una campesina como tú. Hoy mismo, ahora me ha llamado la atención. ¿Eres del pueblo? ¿Has nacido aqu�
Amalia lo afirmó como si K sólo hubiese realizado la última pregunta, luego dijo:
—¿Entonces vas a esperar a Olga?
—No sé por qué preguntas continuamente lo mismo —dijo K—; no puedo permanecer aquà más tiempo porque mi novia me está esperando en casa.