El Castillo
El Castillo —Por favor —dijo Olga—, no me tomes a mal si insisto en la comparación, incurres en un error respecto a Frieda cuando crees defenderla contra una comparación. No es necesario defenderla, sino sólo alabarla. Cuando comparo los casos no estoy diciendo que sean iguales, en realidad se relacionan entre sà como el blanco y el negro, y el blanco es Frieda. En el peor de los casos uno se puede reÃr de Frieda como yo lo he hecho en la taberna de manera tan descortés —después me he arrepentido mucho—, pero aunque quien rÃe aquà es perverso o envidioso, al menos puede reÃrse, pero a Amalia, cuando no se mantiene un parentesco sanguÃneo con ella, sólo se la puede despreciar. Por eso son dos casos esencialmente distintos, como dices, pero también similares.
—Tampoco son similares —dijo K, y sacudió enojado la cabeza—, deja a Frieda a un lado. Frieda no recibió ninguna carta de ese jaez como Amalia de Sortini, y Frieda ha amado realmente a Klamm, y quien lo dude, puede preguntarle, le sigue amando hoy.