El Castillo
El Castillo —Y ¿dónde ves aquà la influencia del castillo? —preguntó K—. Por ahora no parece haber intervenido. Lo que has contado sólo ha sido el miedo irreflexivo de la gente. La alegrÃa por la desgracia ajena, la falsa amistad, cosas que se encuentran en todas partes, y también, por parte de tu padre, al menos asà me lo parece, encuentro cierta pobreza de espÃritu, pues ¿de qué era aquel diploma? La confirmación de sus aptitudes, y esas aptitudes las mantenÃa, haciéndole imprescindible, además podrÃa haberle puesto las cosas realmente difÃciles al jefe si en cuanto comenzó a hablar le hubiese arrojado a los pies el diploma. Pero me parece especialmente significativo que no hayas mencionado a Amalia; Amalia, a la que se debÃa todo, estaba probablemente tranquila en un segundo plano y contemplaba la catástrofe.
—No, no —dijo Olga—, no se le pueden hacer reproches a nadie, nadie pudo actuar de otra manera, todo eso ya era la influencia del castillo.