El Castillo
El Castillo —Dudo mucho que ese hombre te cayera bien —dijo Amalia—, quizá su esposa. Pero no os quiero importunar más, me voy a dormir y voy a tener que apagar la luz, por los padres; aunque se duermen en seguida, después de una hora ya se les ha acabado el sueño real y entonces les molesta cualquier resplandor. Buenas noches.
Y, en efecto, al poco rato todo se quedó a oscuras y Amalia puso un colchón en el suelo al lado de sus padres y allà se hizo la cama.
—¿Quién es ese joven del que ha hablado? —preguntó K.
—No lo sé —dijo Olga—, tal vez Brunswick, aunque no le va nada, pero quizá otro. No es fácil entenderla de forma adecuada porque no se sabe si habla irónicamente o en serio.