El Castillo
El Castillo —Los primeros a los que dará audiencia el señor secretario Erlanger —dijo— son Gerstäcker y K. ¿Están presentes?
Ellos se anunciaron, pero antes que ellos JeremÃas se deslizó en el interior con las palabras:
—Soy camarero aquÃ.
Y fue saludado por un Momus sonriente con una palmada en el hombro.
«Tendré que prestar más atención a JeremÃas» —se dijo K, aunque era consciente de que JeremÃas probablemente era menos peligroso que Artur, quien trabajaba contra él en el castillo. Tal vez fuese más astuto dejarse atormentar por los ayudantes que dejarlos vagar sin control para que pudiesen intrigar libremente, para lo que, por cierto, parecÃan tener un talento especial.
Cuando K pasó al lado de Momus, éste hizo como si reconociese en él en ese momento al agrimensor.
—¡Ah, el señor agrimensor! —dijo—. El que no le gusta que le interroguen, se apresura ahora para llegar al interrogatorio. Conmigo hubiese sido entonces mucho más fácil, aunque, ciertamente, es difÃcil escoger los interrogatorios adecuados.
Cuando K quiso detenerse para contestar a esa alusión, Momus dijo:
—¡Vaya! ¡Vaya! Aquella vez habrÃa necesitado sus respuestas, ahora no.