El Castillo

El Castillo

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En el pasillo le recibió un sirviente que le condujo por el camino ya conocido por K a través del patio, luego por la puerta y el corredor bajo y descendente. En los pisos superiores vivían al parecer sólo los funcionarios superiores, los secretarios, en cambio, vivían en ese corredor, también Erlanger, aunque era uno de los secretarios superiores. El sirviente apagó su lámpara, pues allí había luz eléctrica. Todo en el interior era pequeño pero construido con elegancia. Se había aprovechado el poco espacio disponible. El corredor tenía la altura justa para pasar por él sin inclinarse; en los laterales se sucedía una puerta tras otra; las paredes no llegaban hasta el techo, eso se debía probablemente a motivos de ventilación, pues las pequeñas habitaciones en ese corredor profundo y propio de un sótano no tenían ventanas. La desventaja de esas paredes incompletas era el alboroto en el corredor y en las habitaciones. Muchas de éstas parecían ocupadas, en la mayoría de ellas aún había personas despiertas, se oían voces, golpes de martillo, tintineos de cristal, pero no se tenía la impresión de que reinase una especial alegría. Las voces parecían sofocadas, apenas se entendía aquí y allá una voz, tampoco daban la sensación de ser conversaciones, probablemente alguien dictaba a alguien o le leía algo; precisamente en la habitación en la que se oía el ruido de copas y platos no se oía ninguna palabra y los martillazos recordaron a K algo que le habían contado, que algunos funcionarios, para recuperarse de los continuos esfuerzos intelectuales, se ocupaban a ratos con carpintería, mecánica de precisión u otras actividades similares. El corredor estaba vacío, sólo ante una puerta se sentaba un señor alto, pálido y delgado con un abrigo de piel, bajo el cual se podía ver el pijama, era probable que hubiese sentido la escasa ventilación en su habitación, así que había salido, se había sentado y leía el periódico, pero sin concentrarse, a veces dejaba de leer con bostezos, se inclinaba y miraba por el corredor, tal vez esperase a alguna de las partes a la que había citado y que se había olvidado de venir. Cuando pasaron a su altura, el sirviente le dijo a Gerstäcker en referencia al señor sentado:


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