El Castillo
El Castillo —¡El Pinzgauer!
Gerstäcker asintió.
—HacÃa tiempo que no bajaba —dijo.
—SÃ, hace mucho tiempo —confirmó el sirviente.
Finalmente llegaron ante una puerta que no era diferente de las demás y detrás de la cual, como informó el sirviente, vivÃa Erlanger. El sirviente se subió a los hombros de K y miró por la parte de arriba en la habitación.
—Está en la cama —dijo el sirviente bajándose—, aunque vestido, pero creo que dormita. A veces le asalta un enorme cansancio aquà en el pueblo, por el cambio de la forma de vida. Tenemos que esperar. Cuando se despierte, llamará. No obstante, ha llegado a ocurrir que se ha quedado dormido durante toda su estancia en el pueblo y después de despertarse se ha ido inmediatamente al castillo. A fin de cuentas se trata de un trabajo voluntario el que aquà realiza.
—Es preferible que duerma hasta el final —dijo Gerstäcker—, pues si después de despertarse aún le queda algo de tiempo para trabajar se muestra muy enojado por haberse quedado dormido e intenta resolver las cuestiones con prisa y uno no puede decirlo todo.
¿Usted viene por la concesión de los transportes para el nuevo edificio? —preguntó el sirviente.