El Castillo
El Castillo —Parece haber sufrido ya algunas decepciones —dijo Bürgel, y demostró tener una cierta experiencia del mundo, lo que impulsó a K, desde que habÃa entrado en la habitación, a no subestimar a Bürgel, pero en su estado era difÃcil juzgar correctamente algo que no fuese su propio cansancio.
—No —dijo Bürgel, como si respondiera a un pensamiento de K y le quisiera privar de forma considerada del esfuerzo de responder—. No debe dejarse desanimar por las decepciones. Aquà hay algo que especialmente parece dispuesto para desanimar, y cuando se llega a este lugar por primera vez, los impedimentos parecen insalvables. No quiero investigar el fondo del asunto, tal vez la apariencia se corresponda con la realidad, en mi posición me falta la distancia necesaria para comprobarlo, pero adviértalo, a veces pueden surgir nuevas ocasiones que no llegan a coincidir del todo con la situación general, ocasiones mediante las cuales, a través de una palabra, de una mirada, de una señal de confianza, se puede conseguir más que con esfuerzos extenuantes que duran toda la vida. SÃ, asà es. Ciertamente, esas ocasiones coinciden de nuevo con la situación general en la medida en que nunca se aprovechan del todo. Pero, ¿por qué no se llegan a aprovechar del todo?, me pregunto una y otra vez.