El Castillo
El Castillo —Vaya en seguida, ya está enojado, intente calmarlo. Tiene un buen sueño, pero hemos conversado en voz demasiado alta, uno no puede dominarse cuando habla de ciertas cosas. Vaya, vaya, parece como si no pudiera salir de su somnolencia. Vaya ¿qué quiere aún aquÃ? No, no tiene que disculparse por su somnolencia, ¿por qué tendrÃa que hacerlo? Las energÃas corporales sólo llegan hasta un lÃmite determinado, ¿qué culpa tiene de que esos lÃmites tengan gran importancia en otros aspectos? No, nadie es culpable por eso. Asà se corrige el mundo en su curso y mantiene el equilibrio. Se trata de un dispositivo admirable, inimaginablemente admirable, aunque desconsolador en otros sentidos. Pero ahora váyase, no sé por qué me mira asÃ. Si se sigue demorando, Erlanger caerá sobre mÃ, y me gustarÃa evitarlo. Pero váyase, quién sabe lo que le espera, aquà está todo lleno de oportunidades. Sólo que hay oportunidades que, en cierta medida, son demasiado grandes para ser aprovechadas; hay cosas que no fracasan por otro motivo que por sà mismas. SÃ, es maravilloso. Por lo demás, ahora espero poder dormir un poco. Cierto, ya son las cinco y pronto comenzará el ruido. ¡Si al menos quisiera irse ya!