El Castillo
El Castillo —Porque fuiste descubierto, pero si estás en nuestra habitación, jamás te descubrirán. Nadie sabrá nada de ti, sólo nosotras tres. ¡Ah!, será muy divertido. Ya me parece la vida allà mucho más soportable que hace un momento. Tal vez no pierda tanto al tener que irme. Tampoco nos hemos aburrido las tres allà abajo, hay que dulcificar el amargor de la vida, ya se nos amarga lo suficiente la existencia durante la juventud para que la lengua no se empalague, pero nosotras tres nos mantenemos unidas, vivimos lo mejor posible según las circunstancias; especialmente te gustará Henriette, pero también Emilie, ya les he hablado de ti, esas historias se escuchan con incredulidad, como si fuera de la habitación en realidad no pudiese ocurrir nada, allà se está caliente y es un lugar estrecho: nos apretamos todas juntas, pero aunque dependemos de nuestra mutua compañÃa no nos hemos hartado las unas de las otras, todo lo contrario, cuando pienso en mis amigas, casi me parece justo que regrese con ellas; ¿por qué tendrÃa que llegar más lejos que ellas?, precisamente era eso lo que nos mantenÃa unidas, que las tres tenÃamos el futuro cerrado de la misma manera y ahora yo he perforado el muro y me he separado de ellas; cierto, no las he olvidado, y mi principal preocupación era cómo podÃa hacer algo por ellas; mi propio puesto aún era inseguro —lo inseguro que era, no lo sabÃa—, y, sin embargo, ya hablé con el posadero sobre Henriette y Emilie. Respecto a Henriette el posadero no estuvo del todo inflexible, pero respecto a Emilie, que es mucho mayor que nosotras, tiene la edad aproximada de Frieda, no me dio ninguna esperanza. Pero imagÃnate, no quieren salir de allÃ, saben que es una vida miserable la que llevan, pero ya se han resignado, esas pobres almas; creo que las lágrimas que derramaron se debieron más a que tenÃa que abandonar la habitación, a que tenÃa que salir al frÃo —a nosotras nos parece frÃo todo lo que está fuera de la habitación— y a que tenÃa que tratar con grandes personas extrañas en grandes espacios y con ninguna otra meta que ganarme la vida, lo que también habÃa logrado en nuestro hogar común. Probablemente no se asombrarán si ahora regreso, y sólo para transigir un poco conmigo llorarán y lamentarán mi destino. Pero entonces te verán a ti y se darán cuenta de que fue una buena cosa que me fuera. Que ahora tengamos un hombre como ayudante y protector las hará felices y estarán encantadas de que todo tenga que permanecer en secreto y que a través de ese secreto estaremos más unidas que antes. ¡Oh, por favor, ven, ven con nosotras! No tendrás ninguna obligación, no quedarás vinculado para siempre a nuestra habitación, como nosotras. Si al llegar la primavera puedes encontrar un alojamiento en cualquier lado y no te gusta estar con nosotras, te puedes ir, sólo que tendrás que guardar el secreto y no traicionarnos, pues entonces serÃa nuestra última hora en la posada de los señores; y aun asÃ, cuando estés con nosotras, tendrás que tener cuidado de no mostrarte en ningún lado que consideremos peligroso y tendrás que seguir nuestros consejos; eso es lo único que te vinculará y a eso te tendrás que atener, como es nuestro caso, en lo demás eres completamente libre; el trabajo que te asignemos no será difÃcil, no temas por ello. Asà que ¿vienes?