El Castillo
El Castillo —Muy bien —dijo Pepi—, estás enamorado de Frieda porque se te ha escapado, no es difÃcil estar enamorado de ella cuando ya no está. Puede que todo sea como dices y puede que tengas razón, también al ridiculizarme. ¿Qué vas a hacer ahora? Frieda te ha abandonado. Ni con tu explicación ni con la mÃa tienes la esperanza de que regrese a ti e incluso si regresase alguna vez, en algún lugar tendrás que alojarte durante ese tiempo, hace frÃo y no tienes ni trabajo ni cama, ven con nosotras, mis amigas te gustarán, te acomodaremos muy bien. Nos ayudarás en el trabajo, que en realidad es demasiado duro para unas jovencitas como nosotras; no dependerÃamos exclusivamente de nosotras mismas y por la noche ya no tendrÃamos miedo. ¡Ven con nosotras! También mis amigas conocen a Frieda, te contaremos historias acerca de ella hasta que te hartes. ¡Pero ven! También tenemos fotos de Frieda y te las mostraremos. Antaño Frieda era más modesta que hoy, apenas la reconocerás, como mucho por sus ojos que ya en aquella época tenÃan ese aspecto inquisitivo. ¿Vas a querer venir?
—¿Está permitido? Ayer se produjo ese gran escándalo porque fui descubierto en vuestro corredor.