El Castillo
El Castillo —Este pueblo es propiedad del castillo, quien vive aquà o pernocta, vive en cierta manera en el castillo. Nadie puede hacerlo sin autorización del conde. Usted, sin embargo, o no posee esa autorización o al menos no la ha mostrado.
K, que se habÃa incorporado algo, se alisó el pelo, miró desde abajo a la gente que le rodeaba y dijo:
—¿En qué pueblo me he perdido? ¿Acaso hay aquà un castillo?
—Asà es —dijo lentamente el joven, mientras aquà y allá se sacudÃa alguna cabeza sobre K—, el castillo del Conde Westwest2.
—¿Y hay que tener una autorización para pernoctar? —preguntó K como si quisiese convencerse de que no habÃa soñado las informaciones aportadas con anterioridad.
—Hay que tener la autorización —fue la respuesta, y K captó un tono de burla cuando el joven preguntó al hostelero y a los huéspedes con el brazo extendido:
—¿O acaso no hay que tener una autorización?
—Entonces tendré que recoger la autorización —dijo K bostezando y se quitó la manta con la intención de levantarse.
—SÃ, ¿y quién se la va a dar? —preguntó el joven.
—El señor conde —dijo K—, no me queda otro remedio.
