El Proceso
El Proceso A eso no necesitaron contestar, apretaron las manos de K e intentaron moverle de su sitio, pero K se resistió.
«No necesitaré más mi fuerza pensó K, la emplearé toda ahora». Recordó a las moscas que intentan escapar con las patitas rotas del papel encolado.
Los señores van a tener trabajo se dijo.
Ante ellos apareció en ese momento la señorita Bürstner, que salía (orla plaza de una calle lateral. No era seguro que fuese ella, aunque se parecía mucho. Pero a K no le importaba si lo era o no, sólo tomó con ciencia de lo inútil de su oposición. No había nada de heroico en ofrecer ahora resistencia, en poner dificultades a esos hombres, o en intentar disfrutar de la vida aparente que aún le quedaba mediante una defensa. Así que reanudó su camino y sintió algo de la alegría de sus acompañantes por haberlo hecho. Toleraron que determinase la dirección y él eligió seguir el camino de la señorita, y no porque la quisiera alcanzar, no porque la quisiera ver el mayor tiempo posible, sino simplemente para no olvidar la advertencia que ella significaba para él.