La Condena
La Condena El explorador no se interesaba mucho por el aparato y se paseaba detrás del condenado con visible indiferencia, mientras el oficial daba fin a los últimos preparativos, arrastrándose de pronto bajo el aparato, profundamente hundido en la tierra, o trepando de pronto por una escalera para examinar las partes superiores. Fácilmente hubiera podido ocuparse de estas labores un mecánico, pero el oficial las desempeñaba con gran celo, tal vez porque admiraba el aparato, o tal vez porque por diversos motivos no se podÃa confiar ese trabajo a otra persona.
—¡Ya está todo listo! —exclamó finalmente, y descendió de la escalera. ParecÃa extraordinariamente fatigado, respiraba con la boca muy abierta, y se habÃa metido dos finos pañuelos de mujer bajo el cuello del uniforme.
—Estos uniformes son demasiado pesados para el trópico —dijo el explorador, en vez de hacer alguna pregunta sobre el aparato, como hubiera deseado el oficial.