La Condena
La Condena —SÃ, la Rastra —dijo el oficial—, un nombre bien educado. Las agujas están colocadas en ellas como los dientes de una rastra, y el conjunto funciona además como una rastra, aunque sólo en un lugar determinado, y con mucho más arte. De todos modos, ya lo comprenderá mejor cuando se lo explique. AquÃ, sobre la Cama, se coloca al condenado. Primero le describiré el aparato, y después lo pondré en movimiento. Asà podrá entenderlo mejor. Además, uno de los engranajes del Diseñador está muy gastado; chirrÃa mucho cuando funciona, y apenas se entiende lo que uno habla; por desgracia, aquà es muy difÃcil conseguir piezas de repuesto. Bueno, ésta es la Cama, como decÃamos. Está totalmente cubierta con una capa de algodón en rama; pronto sabrá usted por qué. Sobre este algodón se coloca al condenado, boca abajo, naturalmente desnudo; aquà hay correas para sujetarle las manos, aquà para los pies, y aquà para el cuello. AquÃ, en la cabecera de la Cama (donde el individuo, como ya le dije, es colocado primeramente boca abajo), esta pequeña mordaza de fieltro, que puede ser fácilmente regulada de modo que entre directamente en la boca del hombre, tiene la finalidad de impedir que grite o se muerda la lengua. Naturalmente, el hombre no puede alejar la boca del fieltro, porque la correa del cuello le quebrarÃa las vértebras.
—¿Esto es algodón? —preguntó el explorador, y se agachó.