La metamorfosis y otros relatos
La metamorfosis y otros relatos Hace poco el carnicero pensó que por lo menos se podía ahorrar el trabajo de descuartizar las reses, y una mañana trajo un buey vivo. Pero no se atreverá a hacerlo otra vez. Yo me pasé una hora entera tendido en el suelo, en el fondo de mi tienda, cubierto con toda mi ropa, mantas y almohadas, para no oír los mugidos del buey mientras los nómadas se abalanzaban sobre él y le arrancaban trozos de carne con los dientes. No me atreví a salir hasta mucho después de que el ruido hubiera cesado; como borrachos alrededor de un tonel de vino, estaban tumbados en el suelo exhaustos, alrededor de los restos del buey.
Precisamente entonces me pareció ver al mismísimo emperador asomado a una de las ventanas de palacio; casi nunca llega hasta las habitaciones exteriores y vive siempre en el jardín más interno, pero en esa ocasión lo vi, o por lo menos me pareció verlo, ante una de las ventanas, contemplando cabizbajo lo que ocurría ante su castillo.