Un médico rural
Un médico rural «Sà —pienso como un blasfemo—, en estos casos los dioses nos ayudan, nos envÃan el caballo que necesitamos, y dada nuestra prisa nos agregan otro; para colmo nos conceden un caballerizo…».
Sólo en ese momento me acuerdo de Rosa; ¿qué hacer, cómo rescatarla, cómo salvarla de las garras de aquel caballerizo, a diez millas de distancia, con un par de caballos imposibles de manejar? Esos caballos, que no sé cómo se han soltado de las riendas; desde afuera, tampoco sé cómo, han empujado la ventana; asoman la cabeza, cada uno por una ventana, y sin preocuparse por las exclamaciones de la familia, contemplan al enfermo.