Un médico rural
Un médico rural —Ya está —dice Schmar, y arroja el cuchillo, esa superflua carga ensangrentada, hacia la casa contigua—. ¡Éxtasis del crimen! Alivio, sensación de alas que el fluir de la sangre ajena nos provoca. Wese, vieja sombra nocturna, amigo, compañero de cervecerÃas, te desangras en el oscuro pavimento de la calle. ¡Por qué no serás una simple vejiga llena de sangre, para que yo me suba sobre ti y te haga desaparecer totalmente! No todo lo que deseamos se cumple, no todos los sueños que florecen dan fruto, tus grávidos restos permanecen aquÃ, ya indiferentes a cualquier puntapié. ¿De qué sirve esa muda pregunta que a través de ellos nos formulas?
Pallas, tratando de tragar la confusión de espantos de su cuerpo, aparece en la puerta de la casa, abierta de par en par.
—¡Schmar! ¡Schmar! Todo ha sido visto, nada quedó oculto.
Pallas y Schmar se escudriñan mutuamente. Este escudriñamiento tranquiliza a Pallas; Schmar no llega a ninguna conclusión.