Un médico rural
Un médico rural En la misma esquina en que ambas calles se encuentran, se detiene Wese; sólo el bastón en que se apoya asoma por la otra calle. Un capricho. El cielo nocturno le atrae, y el azul oscuro y el oro. Sin pensar lo contempla, sin pensar se levanta el sombrero y se acaricia el pelo; allá arriba, ninguna armoniosa conjunción le señala su inmediato futuro; todo sigue en su insensato, inescrutable lugar. En sà y para sÃ, es muy razonable que Wese siga su camino; pero se encamina hacia el cuchillo de Schmar.
—¡Wese! —grita Schmar, poniéndose de puntillas, con el brazo extendido, y el cuchillo en vertical—. ¡Wese! En vano te espera Julia.
Y a derecha del cuello y a izquierda del cuello y finalmente en lo más hondo del vientre hunde Schmar su arma. Las ratas de agua hacen cuando las abren un ruido semejante al ruido que hace Wese.