Antropologia Collins
Antropologia Collins En España, cuando no los tienen, las gentes mendigan afeites. Por ridículo que nos parezca, sin embargo no lo tienen por vergonzoso, pues entre ellos está de moda. Los caribes, por su parte, dejan que sus mujeres los pinten durante dos horas con carboncillo y otros colores. Si alguien pregunta por ellos antes de que hayan terminado, no se dejan ver, sino que su mujer dice: «el señor todavía no está visible», y esto aunque anden por ahí casi desnudos. Nos sorprendemos con frecuencia de que las personas conviertan en necesarias cosas superfluas, pero nosotros mismos no somos mejores. Nuestra vida sería más agradable si pudiésemos eliminar las vanidades, la ambición, los cumplidos, las ceremonias y todas las demás coerciones. Por sí sola, ¿qué tiene de molesto la suntuosidad en el vestido? La vanidad es una necedad mayor que el deseo de gozar de algo, pues esto último es, pese a todo, algo real. Cuánta razón no tenía Demócrito cuando miraba con indulgencia a los hombres, no por su lado serio, sino por sus necedades. Y cuán provechoso sería para todos el que en una ciudad nadie hubiese de recelar de otros: si en invierno todos fuesen cubiertos de pieles y con una blusa de lino en verano.