Antropologia Collins
Antropologia Collins Encontramos que todo lo que hace reír se presenta de forma inesperada, al menos en la representación. Le sigue un contraste insospechado. En Francia una comisión de obras autorizó que se erigiese un puente sobre un río; cuando estuvo terminado, quisieron verlo con sus propios ojos; con tal motivo se daría una comida cerca del mismo, por lo que acudieron allí. Como quiera que estaban comiendo, un gascón iba y venía por el puente. Lo estuvieron mirando hasta que a uno de los comensales se le ocurrió que debía ser de su misma profesión, por lo que resolvieron invitarlo al banquete. El hombre acudió y se dejó agasajar. Durante la comida se habló del puente, pero el gascón comía y comía sin decir una palabra. Cuando vieron que estaba harto, le preguntaron cuál era su opinión sobre ese puente que tanto había observado. «Pienso» —dijo— «que han hecho ustedes muy bien en tirar el puente atravesando el río, pues si lo hubiesen levantado siguiendo su cauce jamás habrían terminado». Todas las ocurrencias ingeniosas tienen este rasgo distintivo: que uno ve defraudadas sus expectativas. Nuestro ánimo se ve obligado a volver atrás por un giro en las ideas. Pero ¿a qué se debe que las ideas produzcan semejantes movimientos corporales? ¿Cómo es que la risa puede provocar tanto placer que la consideramos el mejor remedio para los melancólicos, los hipocondríacos y los afligidos, cuando no contiene ningún alimento para el entendimiento, siendo sus causas como son muchas veces disparates? Todavía no conocemos con la suficiente exactitud los primeros principios de los afectos del ánimo. En todo lo que nos resulta risible se encuentra cierta contradicción. Hay cosas con las que solo sonreímos, lo cual es un conato de risa, pero que no puede llegar a ejecutarse.