Antropologia Collins
Antropologia Collins La risa ha de ser inocente; una alegría que se comunique a todos, y podemos reírnos sin hacer escarnio de nadie. A menudo sucede que uno por distracción comete algún disparate del que después, cuando se da cuenta, él mismo se ríe. Así, uno que escribía a un arrendatario y a un conde confundió los sobres y se dirigió al conde como «mi buen Johann» y al arrendatario como «Señor de alta cuna». En este caso nos reímos de él. Cuando alguien hace muchos cumplidos y se muestra muy ceremonioso, y en un determinado momento se revela de modo contrario, la pobreza de su trato se deja ver en todos los rincones; entonces reímos de corazón, pues ha sido castigado por su propia vanidad. Igualmente cuando el bromista resulta burlado; entonces nos reímos de él a carcajadas, pues es como si el entero género humano se viese resarcido con su burla y escarnio. Sin embargo, cuando reímos para reprender con ello a alguno, esa tampoco es una risa muy edificante. Si uno pronuncia un discurso patético del que podría envanecerse y lo hace mal, nos reímos, mientras que un candidato que pronuncia por primera vez un discurso y pierde el hilo despierta compasión en nosotros por simpatía.
La materia de la risa: