Antropologia Collins
Antropologia Collins Hemos visto que para que se produzca la risa tiene que haber una contradicción, y se lo ha llamado disparate cuando se produce repentinamente y desencadena una carcajada. Ahora bien, ¿cómo es posible que una contradicción provoque un alborozo tal que apenas podemos olvidarla y hayamos de seguir riendo ante ella, y aunque tal cosa descubra una falta de dominio sobre nosotros mismos? ¿Acaso hemos de reímos de las locuras de otros? Revelaría poco entendimiento, y no sería motivo de mucho regocijo el que uno no sea tan estúpido y simple como los demás. De ningún modo entenderíamos que un disparate pueda producir alegría, e igual de difícil es entender que una contradicción sea la causa de la risa.
Una vez Enrique IV vio a un noble ir y venir con gesto altanero; parece ser que el rey raras veces visitaba la villa, donde era sin embargo el más ilustre. El caso es que su majestad iba muy mal ataviado y le preguntó al noble: «¿A quién sirve vuestra merced?». «A nadie» —respondió el hombre—, «soy mi propio señor». «Lo lamento mucho» —respondió el monarca—, «pues tiene usted a un auténtico maleducado por señor». Parece que aquí la contradicción está en que con su lamento el rey parecía tener en mente algo bueno, y sin embargo su intención era justamente la contraria.